Puede que todavía no tuviera uso de razón cuando ya emborronaba cualquier papel con un lápiz. Mi tia Carolina me transmitió su enorme tesón y amor por la pintura. Crecí con el olor a óleo y a esencia de trementina. Aprendí copiando todo lo que veía. Recuerdo con cariño aquellos viejos almanaques con las estupendas señoras de Romero de Torres. La primera vez que tuve la suerte de ir al Prado fue impresionante, me hubiera quedado a vivir en cualquiera de las salas. Disfrutar de un Velázquez, Goya, Rubens, era lo máximo. Observando y masticando literalmente estas obras fui aprendiendo y a la vez encontrando mi propio camino en el mundo pictórico. Decía Goya que el acto de pintar consiste en que un corazón le cuenta a otro donde halló la salvación.
La oportunidad de estudiar Bellas Artes, me abrió un campo tan extenso como inquietante, ¡Había infinitas formas de expresión artística!
Ahora después de tantos años confieso mi adicción al acto de pintar, ayudado y motivado siempre por mi familia y amigos disfruto investigando y ejecutando en cada momento realmente lo que me apetece y me inquieta a la vez.
Inauguro hoy este blog con la última exposición llamada Homenaje II, dedicada especialmente a la gente de mi pueblo Íllora, provincia de Granada. Como su nombre indica no es más que un homenaje a aquellos grandes maestros de los que sigo aprendiendo tanto.